
Un bote de barniz azulgrisazulado
se mira todo este espectáculo
y nos ve a nosotros como protagonistas
de una obra que,
por perfecta,
prescinde de los hombres y las mujeres.
Así,
habiendo dejado de ser humanos,
somos lo que ve la mirada:
luces y contraluces y más luces...,
y si atardeciendo, entonces, nos hacemos noche,
el espectáculo serán los milenios de cerillas encendidas,
más luces que, barnizadas
con los azules y con los grises y con los azulados,
se vuelven, por un momento, azul noche,
negro marino.
Nosotros,
hoy,
casi protagonistas naturales...,
¡excepcionales!,
de una obra que
nunca siente
la excepción
del testimonio lunático,
con sus blancos y sus grises
como una... ¿gaviota?... bonita,
pero casi siempre recortada.
(... tal vez nos parece decididamente bonita
porque nunca baja,
porque nunca se nos acerca,
porque nunca,
rondando por la playa,
juega con las otras gaviotas...).
(... tal vez las gaviotas son más bonitas
y las lunas de la luna más mentiras...)
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