lunes, 28 de marzo de 2011

EL CAFÉ DEL MAR


Son tres los que se echan de menos
bajo el destino de un nuevo café en medio del mar:
la Isla, el Arquero y la Isla de gres,
el Azul, el Arquero y la Amante blanca..., sangre.
 
Dibujado un círculo azul, el camino no tiene retorno
y esta oleada, redimida de error, no se olvida de nada
ni olvida que se olvida de ellos tres,
del Azul, del Arquero y de la sangre...
de ella, de él y de la Amante.
 
El movimiento de esta oleada
aunque, de corazón, añorado,
es el de un sentimiento perfecto
dolorosamente prescrito.
 
Y, si hay retorno  dentro del circulo,
no hay camino
A fe, fin, ¿sin nada que decir?
 
La Isla y el Arquero aman la sangre a miradas y a manos,
tomándose el café azul en tazas, sin asas, de barro...
El Arquero y la Amante drenan en las venas la misma sangre
y se beben la vida... aunque a menudo los mira en blanco.
...
Pero el café del mar
rechaza mojar con su clara oleada
la sangre que le nace y crece seca
como muerte en las manos del verdugo.
 

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