domingo, 27 de marzo de 2011

De agua i sal


Nunca he entendido

por qué las lágrimas,

que van quemando atajos en la piel,

no son rojas, no son sangre;

¿no son, tal vez,

fruto de las peores heridas?

...





Son de agua y son de sal,

sorbos de los mares interiores

que, en la marea triste o alegre del pensamiento,

relucen húmedamente,

tierna y tímidamente.

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